Octava fecha. Enfrentamos a River Plate por segunda vez desde su regreso a primera división, luego de que el club de Nuñez haya perdido la categoría en el año 2011. En el gallinero metimos un triunfazo, ahora había que jugar la revancha en Avellaneda.
Ya en el viaje de ida hablábamos con los pibes de la carencia de juego de este equipo. Para hacer un balance yo creo que habría que esperar hasta el final del campeonato, pero hasta el momento podríamos decir que Zubeldía es un técnico que sacó sus mayores réditos con la promoción de jugadores de las divisiones menores. Ese es su mayor mérito. A algunos los hizo debutar (De Paul, Centurión), a otros los consolidó (Zuculini, Vietto) y a otros les da chances que no saben aprovechar (Fariña). Esto y los puntos conseguidos en el Torneo Inicial 2012 son sus mejores cartas de presentación. Ahora bien, tiene en él debe un aspecto muy importante que es la falta de identidad. Es un técnico que cambia esquemas y nombres casi todos los partidos. No se sabe a qué juega este Racing. Nunca pudo consolidar un “equipo”. No se sabe si tiene un enganche, dos, ninguno, generalmente juega con un delantero solo, no se sabe si va a poner mediocampistas que cubran las bandas o si va a dejar esa función en los marcadores de punta. Lo único claro que tiene este equipo es que Saja es el arquero, Ortiz el dos que le pega de punta y para arriba, y Vietto el único delantero, el jugador que jugando solo en los últimos 2800 metros cuadrados, tiene la obligación de generar jugadas y hacer goles. En los últimos cuatro partidos Racing hizo solo dos goles. El técnico juega con línea de cuatro en el fondo, después con tres, a veces con dos números cinco, a veces con tres, cambia en el fondo. Pero arriba no cambia, Vietto solo, pero no sólo en el área, sólo en un cuarto del campo de juego. Así no puede.
Jugar así el campeonato pasado era entendible. Veníamos de un torneo pésimo, habíamos sufrido varias goleadas, teníamos problemas con el descenso, había varios motivos para desarrollar un juego mezquino, veloz, contragolpeador, cuidadoso. Hoy la situación es diferente. No hay problemas de descenso, la defensa, salvo algún sobresalto, está bastante segura, la gente está tranquila. El domingo entramos a la cancha con 11 puntos, estábamos a seis del puntero Lanús, que debía enfrentar a Boca Juniors. Velez ya había perdido, Ñuls terminó perdiendo, si ganábamos hubiésemos superado a River en cantidad de puntos. De local, cancha llena, el antecedente reciente del papelón en el último clásico. Estaba todo dado para salir con confianza a apretar arriba, a comerse al rival, era el partido para empezar a crecer en serio. Pero no, otra vez el técnico decidió encarar el juego metidito en el campo propio, sin presionar la salida rival, sin intenciones de buscar el arco contrario, sin querer ser protagonista. Hoy, esto es injustificable.
Racing salió a la cancha con Saja en el arco, Pillud, Ortíz, Cahais y Migliónico (no es lateral, es central. Juega muy bien de zaguero, no así en la punta, tenemos que evitar seguir haciendo estos experimentos sin sentido, más aun estando Corvalán, lateral izquierdo “natural”, sentado en el banco); Zuculini, Bolatti, De Paul, Camoranesi, Fariña y Vietto.
El primer tiempo fue todo de River. Racing fue una lágrima, la única aproximación fue el cabezazo de Bruno que se estrelló en el travesaño. A los 11 minutos, y luego de un corner, Gonzalez Pires marcó de cabeza el uno a cero parcial en favor del equipo que ascendió la temporada anterior.
En el segundo tiempo Racing adelantó a sus tres mediocampistas ofensivos y pudo llegar un poquito más. No fue gran cosa lo que pudieron hacer, pero sin dudas fue un poco mejor que la pálida imagen mostrada durante los primeros 45 minutos.
El técnico mandó a la cancha a Villar a los 18 minutos, y el Pipa en los 27 minutos que jugó mostró que tiene que ser titular. No es que sea un fenómeno. Pero por lo menos es número ocho, sabe cubrir la banda, dar una mano en defensa y acompañar a los de arriba. Con las carencias que viene teniendo este equipo (en cuanto a presión, generación y dinámica por derecha) el jugador surgido de las divisiones inferiores de Ñuls puede tapar varios huecos.
El otro cambio fue el de Cámpora por Bolatti, este último en un muy bajo nivel. El cachorro hizo un gol ni bien entró que fue anulado por posición fuera de juego. En la cancha parecía que, efectivamente, estaba en “orsai”, luego de verlo por la televisión me quedaron mis dudas, entiendo que está en la misma línea que el último defensor de River.
Ya en el final, luego de un mal pase de Bruno, Lanzini marcó el 2 a 0 final, luego de correr cincuenta metros solo con el balón y gambetear al Chino, que esta vez, no nos pudo salvar.
El arbitraje fue desastrozo, dejó pegar a los jugadores rivales con total impunidad, no dio un penal que fue clarísimo. Es la segunda vez que nos dirige este infeliz en este torneo. La anterior fue contra Argentinos Juniors. Ese día le hicieron un penal a Vietto. Diaz estaba a cinco metros de la jugada. Vietto estaba un metro adentro del área cuando recibió la falta. Este tipo, increíblemente, cobró tiro libre. Es pésimo técnicamente. Si al menos se equivocara para los dos lados sería equitativo. Pero no, las dos veces que nos dirigió, si bien su desempeño fue malo, nos perjudicó a nosotros, no al rival.
Se viene San Lorenzo, cancha grande, no podemos seguir dando ventajas. Que vuelva Corvalán al lateral izquierdo, si Bolatti está tan mal físicamente que no juegue, si Fariña quiere seguir hueveando que juegue en reserva, Camoranesi lo mismo, Villar tiene que jugar. Hay mucho que mejorar, sobre todo en el planteo de los partidos.
Lo dicho, el próximo partido será frente a San Lorenzo en el Bajo Flores, el Sábado 13 de Abril, a las 18.10 hs. Allí estaremos. Abrazo racinguista.
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