Primer y único equipo Argentino en ganar siete torneos nacionales consecutivos

Primer y único equipo Argentino en ganar siete torneos nacionales consecutivos
Primer y único equipo argentino en ganar siete torneos nacionales consecutivos

miércoles, 17 de diciembre de 2014

¡Racing Campeón!



Décima novena fecha. La academia le ganó a Godoy Cruz uno a cero con gol de Adrián Centurión y se coronó campeón del fútbol argentino por décima séptima vez. 

Bajo el liderazgo de Diego Milito, la conducción de Diego Cocca, merced a los huevos de Ezequiel Videla, las atajadas de Sebastián Saja, la seguridad que brindó la defensa, el aporte goleador de Gustavo Bou y el empuje de la hinchada más fiel, Racing volvió a escribir su nombre en las páginas de la gloria.

Trece años esperaron los hinchas, hasta que en un torneo Centurión se disfrazó de Loeschbor, Cocca emuló a mostaza, los huevos de Bastía los puso Videla, el chino atajó las que antes sacaba Campagnuolo y la hinchada volvió a delirar, como en Liniers, pero esta vez en casa, en el cilindro, en el estadio más lindo del país.

Los hinchas empezaron a llegar al coliseo a las tres de la tarde. A las cinco, ya casi no había más lugar. Y había que esperar hasta las ocho y media para que empezara el partido. Las avalanchas se sucedían en la puerta 8 y en la 12. Hacia el comienzo del juego la cancha estaba llena hasta reventar. Sesenta mil almas latiendo, llenas de ilusión, de alegría, de ansiedad y de nerviosismo, esperando la victoria, esa que fue esquiva a estos colores durante un muy largo tiempo. 

El juego empezó favorable para la academia. Racing estaba bien plantado, seguro, confiado. Los de Cocca se afincaron en campo rival, dominaron la pelota, las acciones de juego y convirtieron en figura al arquero de Godoy Cruz. Lo tuvo Bou dos veces, y Moyano le impidió convertir. También estuvieron cerca sendos disparos de Milito y Centurión, pero la pelota no quería entrar. 

El primer tiempo dejó una sensación de seguridad en el cilindro y el empate parcial de River daba la tranquilidad necesaria para buscar la victoria con paciencia. 

Ni bien comenzado el segundo tiempo, y luego de un muy buen centro de Gastón Diaz, Centurión marcó de cabeza el gol más festejado de la última década. El tanto otorgaba la victoria y el título. Promediando la segunda etapa, el referí le anuló un gol a Gabriel Hauche, que había ingresado por Gustavo Bou, por una posición adelantada inexistente.

Los últimos minutos encontraron a Racing refugiado, aguantando la victoria en campo propio. Aun así, el rival nunca generó peligro en el arco defendido por el Chino Saja.

Aproximadamente a las 22.30 el árbitro marcó el final y con él, decreó que la academia vuelve a estar en lo más alto de todo. Cómo cuando ganó siete títulos seguidos entre 1913 y 1919. Cómo en 1921 y 1925. Cómo cuando se coronó tricampeón por los títulos logrados en 1949, 1950 y 1951. Cómo en 1958. Cómo en 1961. Cómo cuando el Racing de José ganó todo en 1966 y 1967. Cómo el Racing de mostaza en 2001. Cómo las 16 veces anteriores, Racing vuelve a ser el campeón del fútbol argentino.  

La fiesta del campeón empezó en el cilindro. Ni bien terminado el partido, empezó la vuelta de los jugadores, el desahogo, la locura y el llanto. 

Luego las luces se apagaron y empezaron a sonar los redondos y Soda Stereo, para que todos los gustos musicales queden conformes. Fuegos artificiales, miles de bengalas iluminaban la noche de Avellanada y 60 mil gargantas explotaban gritando: ¡Dale campeón! ¡Dale campeón!

     De Avellaneda al Obelisco. Decenas de miles de personas, en auto algunos, y muchos otros caminando. Gorro, bandera y Vincha. Avellaneda, el Puente Pueyrredón y la Avenida 9 de Julio eran una masa celeste y blanca que no paraba de agitar y gritar. Euforia, fiesta y alegría.

     La frutilla del postre fue la llegada por la Avenida Corrientes, del micro descapotable que traía a los jugadores saltando en la parte superior, cantando y festejando como hinchas. Eran las tres de la mañana y la multitud de gente se fundió con el plantel, formando un enjambre de almas alocadas disfrutando su momento. Así, todos juntos dieron la vuelta al obelisco con la copa en lo más alto. 

     El mundo Racing está de fiesta. Todos. Los más grandes, los más chicos, los que vieron al primer tricampeón del profesionalismo, los que disfrutaron al equipo de José, los que se bautizaron con la Supercopa del 88, los que dieron su primera vuelta en el turbulento 2001, los nenes que hoy gritan campeón por primera vez. Es un regalo para todos, pero en especial para los que pusieron el pecho en los nefastos 70, los que tuvieron que soportar el oprobio en diciembre del 83, los que marcharon a todos lados a finales de los 90 para defender al club y rescatarlo del abismo al que lo querían llevar, los que salvaron del remate a la sede de Villa del Parque poniendo el cuerpo, los que volvieron de Santa Fé con la certeza de la promoción en el 2008, los que estuvieron cerca en la final de San Juan en el 2012, los que pagan la cuota todos los meses y bancan en las difíciles. Los que a veces dejan a un lado su propia vida por acompañar en momentos de quiebras, promociones y deshaucios. Para ellos, esta alegría es inconmensurable. 

La copa ya está en las vitrinas, ahora se viene el descanso. El año que viene va a ser de alta competencia, se viene el torneo más importante del continente, ese del cual la academia no participa desde hace 12 años. Pero esta vez es diferente a aquella. Ahora la academia está en democracia plena. El plantel está al día y los contratos vigentes. Las inferiores están brindando jugadores al plantel de primera, todos los años. La reserva salió subcampeona. La economía está en orden. El equipo siente pertenencia, los jugadores se quieren quedar, y los que se fueron quieren volver. Qué lindo sería poder repatriar a Licha López y a Maxi Moralez. Se respira entusiasmo, hay elementos para ilusionarse. Ahora, a por la Libertadores.

Hasta el año que viene, a brindar por Racing Campeón, abrazo Racinguista!