Décimo séptima fecha. Recibimos
al alicaído River de Ramón en un cilindro a pleno. Un equipo que perdió 11
partidos de 16, y una hinchada que colma el estadio. La fidelidad, esa virtud
que siempre caracterizó, y siempre va a caracterizar, a los hinchas del Racing
Club de Avellaneda. Ganar este partido era el único premio consuelo que esta
hinchada podía recibir en lo que queda del año. Y los jugadores, luego de un
semestre para el olvido, lo consiguieron. Con huevos, con actitud, con muy poco
futbol, pero con la convicción de que se podía, el equipo quebró una nefasta
racha de más de cinco meses sin ganar en el cilindro.
La academia salió a la
cancha con un equipo plagado de jugadores defensivos, de poca técnica, a tal
punto que el planteo incluyó tres mediocampistas centrales y cuatro defensores,
más dos delanteros que hicieron un desgaste enorme. La formación titular estuvo
compuesta por: Saja, Gómez, Ortíz, Saveljich y Cahais; Zuculini, Pelletieri,
Campi, De Paul; Hauche y Viola.
Racing arrancó el partido
presionando bien arriba, tratando de quitarle la pelota al rival entre el
mediocampo y tres cuartos, saliendo rápido con los dos delanteros. El planteo
inicial fue correcto. A Punto tal que a los 13 minutos, luego de un tiro libre
muy bien ejecutado por Rodrigo De Paul, Bruno Zuculini conectó el balón con el
hombro y marcó el primer y único gol del encuentro. Un rato después, Zucu hizo
una jugada hermosa entrando por derecha, se sacó un jugador de encima en el
área y quedo mano a mano con Barovero, por el medió ingresaban Pelletieri y
Hauche, esperando un potencial centro que nunca llegó, Bruno optó por patear al
primer palo y la pelota se fue afuera.
A partir de ahí, Racing,
quizás consciente de la ineficacia de River para generar juego y situaciones de
gol, le cedió el protagonismo del partido al rival. Acierto de mostaza, ya que
en los 87 minutos que restaban de juego los conducidos por el cuestionado Ramón
no pudieron generar una sola situación de gol, amén de un muy buen remate de
Teófilo Gutiérrez cuando estaba concluyendo la primera etapa, que el chino
Saja, con una espectacular reacción, pudo enviar al córner. El jugador nacido
en Barranquilla fue recibido con indiferencia por los hinchas albicelestes
cuando ingresó al campo de juego. La única demostración hasta ese momento, fue
una ovación al Chino Saja (jugador con el que Teo había tenido el conflicto en
el vestuario del club Independiente, que actualmente milita en el Nacional B,
el día que el centro delantero jugó su último partido con la celeste y blanca).
Luego, durante el partido, Teófilo recibió una silbatina cada vez que entró en
contacto con el balón. Más allá de la gran cantidad de goles que Teo marcó con
la camiseta de la academia, y de las brillantes actuaciones que supo tener, distintas
actitudes poco profesionales y poco respetuosas de tan grande institución, le
valieron la reprobación de una hinchada que, de haber hecho las cosas con un
poco más de compromiso, le hubiese demostrado su amor de manera incondicional.
Podría haber sido ídolo, y hasta ganar algún torneo, pero sólo dejo el dolor y
la pena de no poder ser.
El comienzo del segundo
tiempo encontró a Racing metido atrás, bien parado, y presto a salir de
contragolpe. Tal es así que pudo haber estirado la diferencia en dos
situaciones muy claras, que los delanteros no supieron definir. La primera fue
una jugada de Hauche por izquierda que tiró el centró atrás para Viola que
venía entrando, Titín definió fuerte y cruzado y la pelota se fue rozando el
palo izquierdo del guardameta visitante.
La segunda fue una jugada
de Zuculini, nuevamente, que llegó hasta el fondo y tiró el centro para Hauche,
que apareció solo por el segundo palo, pero el jugador surgido de Temperley,
tal como acostumbra, definió mal y la pelota se fue lejos del arco.
Con el correr de los
minutos Mostaza fue haciendo cambios como para asegurar el cero en el arco
propio y no buscar el segundo en el de enfrente, por lo tanto la academia ya
prácticamente no generó situaciones de gol. A los 18 minutos de la segunda
parte ingresó Aued por Pelletieri, que se retiró ovacionado por la parcialidad
local, a los 22 Luis Ibañez (quien se paró como volante por derecha) hizo lo
propio por Hauche, y a los 29 Rodrigo De Paul le dejó su lugar a Battaglia.
Cuando terminó el partido
Mostaza le preguntó qué edad tenía a Zuculini. “Veinte” le contestó Bruno. “Y
ya sos caudillo” le dijo Merlo. La estatua viviente tiene razón. Bruno es
caudillo. Ayer en todos los reportajes que le hicieron no paró de decir lo
mucho que quiere al club. Mira futbol, observa a los mejores. Hace dos años que
es el corazón del equipo. Es el pulmón. Las corre todas, llega al área, empuja,
hace goles. La gente lo quiere. Y sobre todo, respira Racing todo el tiempo.
Vive Racing, lo siente como un hincha más, y ese es el principal factor para
convertirse en lo que es, un caudillo.
El próximo partido es el viernes
las 20.20 hs., frente a Rosario Central en el gigante de Arroyito, para el
mismo, el técnico aguarda las recuperaciones de Villar, Vietto, Pelletieri y
Corvalán de sendas molestias físicas. De llegar en condiciones, seguramente,
los tres primeros serían titulares. Abrazo racinguista!