Novena fecha. Visitamos a
Belgrano en el estadio Mario Alberto Kempes de la Capital Cordobesa. ¿Cómo
analizar un partido de un equipo que perdió siete partidos de nueve, y empató
los dos restantes? ¿Cómo analizar a un plantel que tiene 17 goles en contra y
sólo 3 a favor? ¿Qué se puede decir de un club que elige a un presidente
“títere” que no puede siquiera cumplir ese rol? ¿Qué se puede analizar cuando
se arma un plantel para un año, unos días después se dejan ir a dos de las
principales figuras, y al mes se despide al técnico y al mánager? Son muchas
preguntas sin respuestas. Está todo dado vuelta. La intención no es buscar
culpables, de hecho, cuando se vota, en parte, lo somos todos.
Del partido no hay mucho
para decir. Belgrano fue superior. Ganó bien. La academia sólo pudo oponer
resistencia durante breves pasajes del juego. Los once que salieron a la cancha
fueron Saja; Ortíz, Migliónico, Cahaís; Gómez, Battaglia, Pelletieri, Ibañez;
De Paul; Vietto y Martínez. La intención del técnico, se presume, fue armar una
línea de tres en el fondo, con dos laterales que le den salida permanente,
dejando en Battaglia y Pelletieri, la tarea de contención, y en De Paul la
creación. Nada de lo planeado le salió. La academia fue un desastre en todos
los sectores del campo. Los tres del fondo fueron un flan, descoordinados,
desorientados, a destiempo, no se cerraron bien en ningún momento, los
laterales se mostraron e intentaron ser salida, pero nunca fueron receptores ya
que los centrales revolearon todas las pelotas y los mediocampistas no
estuvieron precisos. Pelletieri no puede más. No marca, no recupera una pelota,
en la entrega es un desastre, Battaglia estuvo un poco más fino con la pelota
en los pies, pero igual de flojo en la recuperación. Lo De Paul es muy poco. No
es conductor. No tiene panorama, es impreciso, no conduce, no tiene pase, no
tiene casi nada de lo que un enganche debe tener. Sólo cuenta con buena pegada
de afuera del área, nada más que eso. Esto no alcanza para ser él “10” de
Racing, si De Paul es la única opción, prefiero jugar sin enganche. De hecho,
el juvenil ha rendido mucho más como mediocampista por afuera, que fue el
puesto en el que lo ponía Zubeldía que como “enlace”. Los delanteros no
aportaron nada, ni Vietto, ni Roger, ni Hauche cuando entró.
Los goles de Belgrano los
hicieron César Pereyra a los 29 del primer tiempo y a los 33 del segundo y
Carlos Bueno a los 41 de la etapa final.
Racing fue un desastre.
Parecía un equipo amateur. La defensa es insegura al mango, el mediocampo no
existe, el conductor no es tal, los delanteros no hacen nada, amén de que la
pelota les llega poco y mal, no generan una sola situación.
Pasamos de ser un equipo
sólido que jugaba mal, a uno desordenado, inseguro y que juega peor. El fútbol de hoy es muy profesional y se la hace pagar muy caro a los desprolijos, a los
que hacen las cosas mal, a los que improvisan. Ya ningún club serio cambia las
directivas en la mitad de un torneo. Aca cambiamos jugadores (se fueron Fariña
y Centurión y no se reemplazó a ninguno de los dos) técnico, mánager y hasta
dirigentes (se acaban de formalizar las renuncias de Cogorno y Molina). Una
locura. ¿Qué tiene de diferente Belgrano con Racing? (no cito el caso de
Arsenal por razones obvias). La previsibilidad. Belgrano mantiene el plantel
siempre (sólo cambia dos o tres titulares), mantiene el técnico, y la forma de
jugar es la misma desde que subió a primera. Están convencidos. Con poco le
alanza. No tiene problemas de promedio, clasifica a las copas y en cualquier
momento mete un batacazo. Ya ni siquiera tomo en cuenta los casos de Lanús y
Vélez, porque nos llevan años de ventaja. Cambian poco y de a poco. Es
increíble que, con muchísimos más recursos, no podamos hacer algo digno.
Racing se rehízo de las
cenizas. Pasamos momentos gravísimos, mucho peores que el actual. Casi nos
fundimos, quebramos, nos gerenciaron, jugamos una promoción. Pudimos salir a
flote. Y no aprendimos nada. Justo cuando estábamos a un paso de lograr la tan
ansiada estabilidad, tiramos todo a la mierda.
Y todo esto por caprichos
personales, falta de profesionalismo, e imprevisión. Ya lo dijimos en la
columna anterior, pero vale repetirlo, lo de Zubeldía fue un error grande como
el cilindro. Lo echaron por perder tres partidos. Y encima lo hicieron en el medio
de una serie de copa. Si, en el medio, ni antes de jugarla, ni después de la
eliminación, en el medio. Esa paparruchada la vamos a pagar carísima. Si no les
gustaba Zubeldía, no le hubiesen renovado contrato. Renovarle, y rescindirle un
mes después por perder tres partidos, es el error más grande que cometió la
dirigencia de Racing en los últimos cinco años. Y lo vamos a pagar carísimo.
Así estamos, cambiamos el
caballo a mitad del río y la correntada nos tiró a la mierda. Quedamos sin
técnico, sin mánager, sin dirigentes, con un plantel golpeadísimo,
completamente a la deriva. Impera enderezar el rumbo. Ahora, la manija, la
tiene Victor Blanco, vicepresidente segundo a cargo de la presidencia hasta
diciembre de 2014. Ahora mucho no va a poder hacer. Recién en diciembre se va a
ver su capacidad como dirigente. Sólo se pueden traer dos refuerzos, y por las
características del plantel, van a tener que ser de élite.
El próximo partido es el domingo
a las 21.15 hs, en el cilindro de Avellaneda, frente a Atlético Rafaela. Allí
estaremos. Abrazo racinguista!