Final de la Copa Argentina. Copamos San Juan. Desde avellaneda y alrededores partieron 120 micros, a estos se le sumaron 20 aviones y miles de autos particulares. Las rutas, los hoteles y los restaurantes se pintaron de celeste y blanco. San Juan, en la previa, respiraba Racing. El marco de público en la cancha era inmejorable.
Pero había que jugar el partido. Un partido chivo. Un rival acostumbrado a jugar finales. Un rival con ruedo, herido, pero aun así peligroso. Nosotros encaramos la final con un equipo totalmente nuevo. Cinco de los jugadores titulares que salieron a la cancha llegaron al club hace un mes. Un equipo no se arma de un día para el otro. No es la manera ideal de encarar una final, vale aclarar que la de ellos, en la previa, tampoco lo era.
Racing salió a la cancha con Saja en el arco, una línea de cuatro en el fondo conformada por Martínez, Ortiz, Cahais y Corvalán; en el mediocampo estuvieron Villar, Pelletieri, Camoranesi y Centurión, y en la delantera, Viola y Sand. Y acá aparece, en mi entender (y en el de muchos otros), el más grande error de Zubeldía, poner a Martínez de lateral derecho. El argumento del DT, antes y después del partido, fue que lo que él busca en ese puesto es marca, y por sobre todo juego aéreo. Atributos con los que, en teoría, no cuenta Iván Pillud. En lo referente al juego aéreo puede que tenga razón, ya que los únicos cabeceadores que tiene el equipo son Ortiz, Cahais y Sand, mientras que Boca cuenta con Sosa, Schiavi, Caruzzo, Silva y Viatri. Y resultados le ha dado, de hecho los dos goles que tiene Racing en la temporada fueron convertido por esa vía, y no le han marcado tantos de cabeza. Ahora bien, la pelota parada no es la única situación de juego. El juego en su mayor parte transcurre con la pelota en movimiento. La pelota parada no es la única manera de llegar al gol. Hay que saber neutralizar la mayor cantidad de armas de ataque del rival. Como así también, generar diferentes y variadas opciones de ataque propias (los laterales históricamente han sido opciones de ataque muy efectivas). Plantear la formación inicial del equipo solo (o mayormente) en función de la pelota parada, es un error.
No obstante, el partido empezó siendo favorable para la academia. Racing dominó el juego durante los primeros minutos. De hecho puedo ponerse en ventaja dos veces a través de Pepe Sand, quien en una de las jugadas se demoró y no pudo definir con comodidad, y en la otra, solo en el área chica, definió afuera, aunque muy cerca del palo.
A los 20 minutos de esa primera etapa, y luego de un desconcierto defensivo, Corvalán intentó rechazar un pelotazo de Ustari con tanta mala fortuna que la pelota quedó en los pies de Silva, quien definió por encima del cuerpo de Saja. Este gol hizo que se le quemaran todos los papeles al técnico de Racing. La academia nunca pudo reponerse de semejante mazazo. Quizás falló la “cabeza fría” tan necesaria en las finales y que se fue a buscar en este mercado de pases.
Hasta acá todo había sido de Racing, pero a partir de ese gol empezó el desconcierto.
Racing nunca pudo reponerse. Para colmo a los 16 minutos de la segunda etapa Viatri marcó el 2 a 0 casi sentenciando el partido.
El partido parecía terminado. Pero todavía faltaba algo más. A los 23 minutos, y luego de un corner, Martínez bajó el balón y su remate impactó contra un palo, Valentín Viola se tiró con alma y vida a buscar el rebote y puso el 1-2. Había una esperanza.
Cuando todo indicaba que Racing debía calmarse y buscar la forma adecuada de ir a por el empate, sucedió todo lo contrario. El técnico desde el banco generó nerviosismo, hizo cambios a tontas y a locas, ese nerviosismo se trasladó al campo, y la copa se transformó en una quimera.
Racing terminó al partido a la carga barracas, sin mediocampo y con más voluntad que ideas. Lo pudo empatar en una que volvió a errar el Pepe Sand, pero también la derrota pudo ser más abultada, ya que los delanteros de Boca desperdiciaron infinidad de chances para estirar la ventaja.
La copa ya es pasado. No pudo ser. La calentura no se va a ir, pero ya no hay nada que reprochar. Hubo actitud, hubo emoción, hubo ganas, copamos San Juan y jugamos una final. Pero también hubo errores, asique a replantearse que se hizo mal, corregir errores y mirar para adelante. Es un plantel nuevo que hizo lo que pudo, que cometió errores, al igual que el técnico, pero que se solucionan con tiempo y con trabajo. Los grandes equipos llevan procesos y los procesos llevan tiempo y trabajo. El futbol da revancha, y la vamos a tener si hacemos las cosas bien. Ahora a pensar en el torneo.
El domingo a las 14.50 hs. enfrentaremos a la Asociación Atlética Argentinos Juniors en el Diego Armando Maradona. Allí estaremos, abrazo Racinguista.
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