Décimo octava fecha. Visitamos
a Central en Rosario, ya sin objetivos dignos a la vista. El único desafío realizable,
que este equipo tiene por delante, en estos dos últimos partidos, es tratar de
sumar lo mayor cantidad de puntos en juego, para que la campaña sea lo menos
vergonzosa posible. Que equipo Racing, siempre al revés. Hace un año, el equipo
conducido en ese momento por Luís Zubeldía, terminaba el torneo con 33 puntos.
Hoy con esos números, sos campeón. La realidad indica que el equipo de Zubeldía
no era un campeón, ni mucho menos, lejos estaba de serlo, ahora bien, San
Lorenzo, que no le gana a nadie, Velez, que hace siete fechas tenía trece
puntos, Ñuls, que no ganó ninguno de los últimos ocho partidos, y Lanús, que de tan metido en la copa, llegó a
la final, y ayer encaró su partido con el equipo suplente, ¿Son campeones? No, uno
de ellos va a ser campeón, la matemática así lo indica, pero ninguno será un
equipo recordado, ninguno hizo los méritos suficientes para llevarse el título,
ninguno se destacó en la medianía que ofrece el fútbol vernáculo actual.
Ninguno será “un campeón”. Pero los cuatro supieron “estar ahí”, merodear,
molestar. Cuando la cosa viene tan indescifrable, no hay que alejarse, hay que
mantenerse ahí, porque quizás, sin hacer mucho, te toca. Pero Racing no quiso,
como siempre, no se conformó con estar ahí, pateó el tablero, tiró por la borda
todo lo hecho, perdió un año, calendario y futbolístico, y empezó todo de nuevo
(si es que empezó) y se perdió una chance, una chance única, un campeonato
regalado, sin dueño, suelto, dando vueltas por ahí, a disposición del que se lo
quiera llevar. Racing no aceptó, prefirió deambular en los suburbios, ver si de
rebote se llevaba un, “me salvo del descenso y me alcanza”, quizás pueda
manotear un “menos mal que no salió último”, o alguna gilada por el estilo,
mientras tanto el título, ese objeto tan deseado y esquivo a la vez, se lo
lleva uno que sólo supo “estar ahí”, “ver que pasa”.
La academia salió a la
cancha con Saja, Gómez, Ortíz, Saveljich y Cahais; Zuculini, Aued, Campi, De
Paul; Viola y Vietto. Mostaza se equivocó en el planteo. Armó un equipo
indescifrable, débil en el medio y sin presencia en las bandas. Fue a buscar el
punto, y lo consiguió, es cierto, pero de pedo. Así como muchas veces, el destino, la suerte o lo que sea,
han `privado a la academia de conseguir puntos merecidos, ejemplos abundan,
esta vez se trajo un punto sin hacer nada, o lo que es peor, haciendo todo mal.
La defensa se equivocó
mucho, los centrales no tuvieron la solidez que supieron tener en estos pocos
partidos de la era Merlo, el mediocampo estuvo partido, nula contención, nada
de manejo, por afuera del mediocampo Racing no hizo nada, ni siquiera ocupo
esas franjas con jugadores (Zucu no fue 8, ni De Paul volante por izquierda), y
los delanteros estuvieron a 60 metros del resto del equipo. Tantos errores se
pagaron barato, y temprano. A los 5 minutos llegó la apertura del marcador.
Ferrari trepó por derecha (ni De Paul ni Cahais lo pudieron contener) tiró el
centro atrás, Ortíz decidió seguir con su siestita y se olvidó de Castillejos,
no lo molestó, no lo encimó, siquiera lo miró, lo que facilitó que el centro
delantero canalla se acomodara, y de cabeza impulsara el balón contra el palo
izquierdo de Saja, que tardó en reaccionar y la tuvo que ir a buscar adentro.
El gol no cambió nada en
la academia, el equipo siguió igual de errático y apático. En el entretiempo
Mostaza decidió mandar a la cancha a Luís Ibañez en lugar del intrascendente
Rodrigo De Paul. Como estaría el partido, que aun perdiendo, el técnico decidió
mandar a la cancha a un lateral izquierdo en lugar de un mediocampista creativo,
si se puede usar este adjetivo calificativo para referirse al 10 de Racing.
Había sido tan malo lo de
la academia, que mostaza sólo tuvo en miras contener el juego, reforzar las
bandas, en lugar de ir a buscar el empate. Cuando parecía que el desolador
panorama no podía empeorar, a los 10 minutos se fue expulsado Luciano Aued,
luego de disputar un balón con Nery Dominguez, al que los dos fueron con imprudencia.
A esa altura, todo parecía estar perdido, traerse algo de Rosario parecía una
quimera.
Mostaza decidió cambiar
la dupla de ataque, a los 17 minutos del complemento Ignacio Dinenno ingresó
por Luciano Vietto (prácticamente no tocó la pelota) y a los 21 Gabriel Hauche,
hizo lo propio por Valentín Viola.
A los 33 minutos se
produce una jugada que le devolvería un haz de esperanza a las huestes de
Mostaza. Alejandro Donatti continuó una jugada que había sido invalidada por
posición fuera de juego, empujando el balón hacia el fondo del arco. El chino
Saja, ducho en estos menesteres, no demoró en hacerle saber al juez Ceballos de
la ilicitud de la maniobra del defensor Rosarino, la cual, por reglamento, debe
penarse con tarjeta amarilla. El grandote defensor ya estaba amonestado, por lo
que tuvo que abandonar el terreno de
juego a falta de 12 minutos para concluir el
partido.
A los 41 minutos de esa
etapa final se dio lo inesperado. Cahais trepó por izquierda, tiró un centro
largo y pasado, y Hauche, entrando por derecha, marcó el gol del empate. Milagro:
Hauche hizo un gol. Y Racing empató un partido sin haber hecho absolutamente
nada para lograrlo. Bienvenido sea el punto, pero que el árbol no nos tape el
bosque, no se puede repetir una actuación tan espantosa, caso contrario, el
futuro es peligroso.
El próximo partido, en
principio, se jugaría el viernes las 20.10 hs., frente a Godoy Cruz en el Cilindro
de Avellaneda. Allí estaremos. Abrazo racinguista!
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