Octava fecha. Visitamos a
Newel´s Old Boys en su estadio del Parque de la Independencia. Otra vez la derrota
castiga a este plantel diezmado, carente de rebeldía, coraje, concentración,
amor propio y vergüenza deportiva. Mostaza dijo que le jugamos de igual a igual
a un rival difícil, pero la realidad indica que fue Newell´s quien manejo el
partido a su antojo. Es cierto que la academia contó con un par de chances,
pero producto de la vulnerabilidad, notoria, de la defensa rival, y no por
méritos propios.
La academia volvió a mostrar
una defensa insegura, dubitativa y errante, un mediocampo frágil, poco dúctil
para el manejo del balón y de escasa intensidad en la presión, y una delantera extremadamente
débil, poco productiva y para nada precisa. Un combo de terror, preocupante.
Esta suma de carencias hace que la academia no logre siquiera empatar. Y los
rivales suman, todos. Colón, All Boys, Tigre, Godoy Cruz, Olimpo y Rafaela son
mucho más equipo que Racing. Tienen conciencia de grupo y de situación. Son
compactos, duros, no se entregan, se nota que van a pelear hasta el último día. El más flojo es Quilmes (el
tema es que al cervecero lo agarró Caruso, y es harto conocido lo que Caruso
logra en estas instancias). Racing es todo lo contrario. No hay compromiso, no
se ve esa entrega necesaria para enfrentar momentos como estos. Por supuesto
que no hay dominio de balón, circulación, volumen de juego y mucho menos
situaciones de gol. El tema es que ni siquiera es eso lo que estamos necesitando.
Necesitamos un equipo aguerrido, compacto, intenso, con las características necesarias
para encarar una situación como esta. El problema no es la escasa cantidad de
situaciones que se generan (muy pocos equipo generan más de dos o tres
situaciones por partido), el problema es la facilidad con la que a Racing le
convierten. Nos hicieron goles en todos los partidos desde la fecha 2. La
mayoría, adentro del área chica. Esto es inadmisible en un momento como este.
Por características, a este equipo lo único que le queda es jugar al límite, no
guardarse nada. Hasta el momento, los jugadores parecen no entender esto, el
sábado es la última chance de que se den cuenta, sino, lamentablemente, esto va
a ser irreversible.
Los once que salieron a
la cancha el domingo fueron: Saja; Gómez, Alvarado, Saveljich y Corvalán;
Zuculini, Campi, Ibañez y De Paul; Hauche y Viola.
El único que mostró
compromiso y actitud fue De Paul. La pidió, encaró, pisó el área rival. No le
da el cuero para ser el conductor de Racing, pero por lo menos lo intenta.
Alvarado hizo su debut y cumplió, aunque el primer gol fue, en gran medida,
culpa suya, ya que perdió el balón en ofensiva. Esto no quita el error garrafal
que cometió Gómez. Es inadmisible el cagadón que se mandó. Primero perdió en
velocidad cuando tenía dos metros de ventaja, después se recuperó y en lugar de
despejar se hizo un nudo con la pelota, que le quedó servida al rival para que
tirara al centro al área para que un pibe de 16 años le gane en el área chica
al arquero más caro del fútbol argentino. Saveljich también erró en esta
jugada, tranquilamente la podía haber tirado al corner, pero calculó mal el
cabezazo. Como siempre, la academia regaló el primer tiempo, los primeros 15
minutos fueron de terror.
En el segundo tiempo,
Mostaza decidió sacar a los dos mejores que tenía en cancha, De Paul e Ibañez.
El lateral (que jugó de doble cinco) a los 5 minutos le dejó su lugar a
Guillermo Hauche, quien hizo su debut. De Paul dejó la cancha a los 22 minutos,
en su lugar ingresó Camoranesi, muchos dirán que no se compromete del todo (de
hecho, aparentemente, no tenía muchas ganas de ingresar), pero al menos es el
único que puede darle un pase a un compañero, es el único que podría asociarse
con De Paul, el tema es que mostaza decidió sacar a Rodrigo. Previamente, a los
11 minutos ingresó Vietto por Gabriel Hauche.
Los cambios no modificaron
el rumbo del partido, lo de Racing siguió siendo poco productivo. Cuando el
partido se moría, Zuculini se hizo un nudo con la pelota en la mitad de cancha,
Corvalán no pudo despejar, y Trezeguet, aprovechando que el arquero estaba en
otra, definió con maestría para sellar el dos a cero definitivo.
Otra vez las manos
vacías, otra vez la desazón, la desesperanza. Otra vez los nervios, la angustia
y la calculadora. Lo que nos va a hacer sufrir este plantel de acá hasta el
final del campeonato es incalculable. Hoy parece más fácil rezar para que los
de abajo no saquen la cantidad de puntos necesaria, que esperar un cambio
radical de este tibio y mediocre plantel.
Las palabras ya sobran
todas, los análisis también, lo único que nos va a salvar es un cambio radical
de actitud. Y este plantel, sinceramente, no sé si conoce el significado de esa
palabra.
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