Primer y único equipo Argentino en ganar siete torneos nacionales consecutivos

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lunes, 1 de septiembre de 2014

Crónica de una derrota anunciada

Quinta fecha. La academia visitó al recién ascendido Independiente y no pudo cortar la racha de diez años sin ganar de visitante contra el equipo de los Grondona. Las causas de esta nueva derrota hay que buscarlas un poco en una paupérrima tarea arbitral, otro poco en los errores garrafales del arquero y otro poco en la falta de actitud de algunos jugadores para llevarse por delante a un rival a todas luces inferior y carente de los recursos necesarios para imponerse en un partido de esta trascendencia.

Los once que eligió Cocca para encarar el encuentro fueron: Sebastián Saja; Iván Pillud, Luciano Lollo, Yonathan Cabral y Leandro Grimi; Gastón Díaz, Ezequiel Videla, Nelson Acevedo y Ricardo Centurión; Gabriel Hauche y Diego Milito.

La academia arrancó bien en el juego. Fue dominador en la primera mitad del primer tiempo. Tuvo la pelota, la jugó con criterio y no dejó huecos en defensa. Esa supremacía fue plasmada en el marcador a los 13 minutos de la primera etapa. Ricardo Centurión envió un centro por izquierda que Diego Milito no tuvo problemas en dominar y empujar a la red. Uno a cero en el marcador y justicia en el encuentro.

A partir del gol Racing se asentó en el partido, daba la impresión de que en cualquier momento iba a encontrar el segundo tanto que le diera la tranquilidad necesaria para dominar el juego. Independiente estaba nervioso, no podía encontrar el balón ni el arco rival. Sólo se dedicaba a cometer infracciones bruscas que eran sistemáticamente ignoradas por el árbitro Fernando Rapallini.

A los 24 minutos se da la jugada que trastoca el partido. Increíblemente, después de dejar pegar a diestra y siniestra, Rapallini cobra una supuesta plancha de Diego Milito totalmente inexistente. No sólo que no fue plancha, el jugador de Racing estaba a un metro del jugador rival. Vergonzoso. Un asco, una ignominia. Un tipo que no ve codazos, piñas en el rostro, faltas descalificadoras, inventa una plancha completamente inexistente, una infracción que sólo existió en su imaginación.

Del tiro libre en mitad de cancha, a más de cuarenta metros del arco de Racing, vino el gol con el que Independiente puso la igualdad parcial. La pelota picó a medio metro de Saja. Otra vez este arquero se come los goles en un encuentro clave. Siempre que Racing juega contra Boca, River, Independiente o un partido importante, misteriosamente, al chino le hacen goles fáciles o comete errores infantiles o de concentración. Es cierto que es buen arquero debajo de los tres palos. Pero en los centros es un espanto. Sale mal, sale cuando no lo tiene que hacer, no sale cuando el centro viene al área chica. Y pierde todos los clásicos. Tiene un sueldo de arquero europeo y ataja como uno más, del montón. Tiene grandes partidos, pero siempre contra equipos chicos, o en encuentros sin trascendencia. Racing necesita un arquero de equipo grande, un Romerito, un Nacho González, un Campagnuolo. Esos son los arqueros que atajan siempre bien, y no sólo los partidos fáciles. Me acuerdo de Nacho llorando en la cancha de los amargos el día de los tres dedos del Chelo y me da más bronca todavía.

Dos minutos después llegó el segundo gol de Independiente, el que pondría cifras definitivas al encuentro. Otra vez, por un error del arquero. En el primer gol no salió a buscar la pelota a medio metro del arco. En el segundo, salió a diez metros y tan mal, que Mancuello, un petiso de 1,60 metros, le ganó de arriba. Y no le ganó de cabeza, le ganó con el pie. Increíble.

A los 34 minutos Milito salió por lesión (se confirmó que es un desgarro) y la academia terminó de caerse a pedazos. Los errores garrafales del árbitro (debió echar a Tula –dos veces- y a Breitenbruch) y la falta de amor propio de muchos de los nuestros hicieron que el encuentro termine en victoria para los recién ascendidos.

Siempre es complicado enfrentar a un equipo que viene del Nacional. Generalmente la diferencia de jerarquía hace que ensucien los partidos, peguen, se metan atrás, intenten acercarse con pelotazos y marquen con violencia inusitada. Pero eso Racing debía saberlo. No es excusa. La noche anterior al encuentro Milito reunió a los jugadores y los conminó a jugar el partido de sus vidas. También les pidió a los que no lo pudiesen hacer o que sintiesen que no estaban a la altura de las circunstancias, que levanten la mano y le dejen el lugar a un compañero. Saja, Cabral, Grimi, Díaz, Acevedo y Villar debieron haber levantado la mano.

El próximo partido será el domingo a las 17.15 en el cilindro de Avellaneda, frente a Lanús, allí estaremos. Abrazo racinguista.


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