Quinta fecha. La academia visitó al recién ascendido
Independiente y no pudo cortar la racha de diez años sin ganar de visitante contra
el equipo de los Grondona. Las causas de esta nueva derrota hay que buscarlas
un poco en una paupérrima tarea arbitral, otro poco en los errores garrafales del
arquero y otro poco en la falta de actitud de algunos jugadores para llevarse
por delante a un rival a todas luces inferior y carente de los recursos necesarios
para imponerse en un partido de esta trascendencia.
Los once que eligió Cocca para encarar el
encuentro fueron: Sebastián Saja; Iván Pillud, Luciano Lollo, Yonathan Cabral y
Leandro Grimi; Gastón Díaz, Ezequiel Videla, Nelson Acevedo y Ricardo
Centurión; Gabriel Hauche y Diego Milito.
La academia arrancó bien en el juego. Fue
dominador en la primera mitad del primer tiempo. Tuvo la pelota, la jugó con
criterio y no dejó huecos en defensa. Esa supremacía fue plasmada en el
marcador a los 13 minutos de la primera etapa. Ricardo Centurión envió un
centro por izquierda que Diego Milito no tuvo problemas en dominar y empujar a
la red. Uno a cero en el marcador y justicia en el encuentro.
A partir del gol Racing se asentó en el partido,
daba la impresión de que en cualquier momento iba a encontrar el segundo tanto
que le diera la tranquilidad necesaria para dominar el juego. Independiente
estaba nervioso, no podía encontrar el balón ni el arco rival. Sólo se dedicaba
a cometer infracciones bruscas que eran sistemáticamente ignoradas por el árbitro
Fernando Rapallini.
A los 24 minutos se da la jugada que trastoca
el partido. Increíblemente, después de dejar pegar a diestra y siniestra, Rapallini
cobra una supuesta plancha de Diego Milito totalmente inexistente. No sólo que
no fue plancha, el jugador de Racing estaba a un metro del jugador rival. Vergonzoso.
Un asco, una ignominia. Un tipo que no ve codazos, piñas en el rostro, faltas
descalificadoras, inventa una plancha completamente inexistente, una infracción
que sólo existió en su imaginación.
Del tiro libre en mitad de cancha, a más de
cuarenta metros del arco de Racing, vino el gol con el que Independiente puso
la igualdad parcial. La pelota picó a medio metro de Saja. Otra vez este
arquero se come los goles en un encuentro clave. Siempre que Racing juega
contra Boca, River, Independiente o un partido importante, misteriosamente, al chino
le hacen goles fáciles o comete errores infantiles o de concentración. Es
cierto que es buen arquero debajo de los tres palos. Pero en los centros es un
espanto. Sale mal, sale cuando no lo tiene que hacer, no sale cuando el centro
viene al área chica. Y pierde todos los clásicos. Tiene un sueldo de arquero
europeo y ataja como uno más, del montón. Tiene grandes partidos, pero siempre
contra equipos chicos, o en encuentros sin trascendencia. Racing necesita un
arquero de equipo grande, un Romerito, un Nacho González, un Campagnuolo. Esos
son los arqueros que atajan siempre bien, y no sólo los partidos fáciles. Me
acuerdo de Nacho llorando en la cancha de los amargos el día de los tres dedos
del Chelo y me da más bronca todavía.
Dos minutos después llegó el segundo gol de
Independiente, el que pondría cifras definitivas al encuentro. Otra vez, por un
error del arquero. En el primer gol no salió a buscar la pelota a medio metro
del arco. En el segundo, salió a diez metros y tan mal, que Mancuello, un
petiso de 1,60 metros, le ganó de arriba. Y no le ganó de cabeza, le ganó con
el pie. Increíble.
A los 34 minutos Milito salió por lesión (se
confirmó que es un desgarro) y la academia terminó de caerse a pedazos. Los
errores garrafales del árbitro (debió echar a Tula –dos veces- y a
Breitenbruch) y la falta de amor propio de muchos de los nuestros hicieron que
el encuentro termine en victoria para los recién ascendidos.
Siempre es complicado enfrentar a un equipo
que viene del Nacional. Generalmente la diferencia de jerarquía hace que
ensucien los partidos, peguen, se metan atrás, intenten acercarse con pelotazos
y marquen con violencia inusitada. Pero eso Racing debía saberlo. No es excusa.
La noche anterior al encuentro Milito reunió a los jugadores y los conminó a
jugar el partido de sus vidas. También les pidió a los que no lo pudiesen hacer
o que sintiesen que no estaban a la altura de las circunstancias, que levanten
la mano y le dejen el lugar a un compañero. Saja, Cabral, Grimi, Díaz, Acevedo
y Villar debieron haber levantado la mano.
El próximo partido será el domingo a las
17.15 en el cilindro de Avellaneda, frente a Lanús, allí estaremos. Abrazo
racinguista.
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